La Navidad de las madres buscadoras

El trabajo que ha representado buscar fondos para nuestro documental me ha dejado poco tiempo para mirar lo que publican mis amigos en Facebook. Los últimos días mi equipo y yo hemos estado algo desanimadas porque no hemos logrado avanzar sustancialmente en nuestra meta de recaudación. Estábamos en el desánimo cuando abro mi computadora, miro Facebook y como una cachetada de esas que se dan para que alguien medio desmayado reaccione, se pare y siga adelante, apareció el siguiente texto de M, una de las madres que busca a su hija desaparecida durante este sexenio. Le pedí permiso para publicarlo aquí.

“Hace un año por estar buscando a mi niña no tuve el ánimo de poner nacimiento ni árbol navideño. Después de muchos años que entre mis hijos y yo lo hacíamos con tanto amor; poner cada uno de los animalitos, el lago, el pesebre, el Niño dios, hasta los regalos al pie del árbol que como buena mamá compraba para mis hijos y les daba para que ellos me compraran a mí. Bueno, como muchas madres solemos hacer. Ellos se peleaban para ver quién colocaría la estrella o el moño gigante que iría en la cima del árbol, como debe ocurrir en muchas familias. Eso era año con año, hasta que la inseguridad arrebato a mi hija de su familia.

Hoy en particular me siento triste, con mucha nostalgia y sin ánimo de seguir mi lucha. Estoy armando Los Ángeles de los que vestiré mi árbol esté año porque tengo la esperanza de que mi niña venga la noche de Navidad a estar conmigo. Siento que la veré entrar con esa sonrisa hermosa que le caracterizaba y diciendo – madre, ¿qué vamos a cenar? porque se me antoja de todo-  y se retiraba igual cuando la ponía a ayudarme. Miles de veces me he preguntado a solas si volverán esos momentos. Estos ángeles que ahora elaboro se me hacen tan difíciles. Siento que faltan las manitas curiosas de mi bebé para terminarlos. El nacimiento sigue tirado y no sé quién colocara cada uno de sus animalitos, ni dónde irá colocado este año. Sólo le pido a dios que me ilumine y me dé paciencia para que quede hermoso y mi arañita llegue a verlo.

Señor por qué eres tan injusto y nos mandas estas pruebas a quienes no podemos con ellas y somos tan cobardes. Quisiera con alma, corazón y vida estar al lado de mi muchachita en este instante. Quisiera cerrar mis ojos, dormir y despertar con ella apretándome mis pies como cuando llegaba cansada, porque ahora mismo ya estoy cansada de caminar y caminar y regresar con las manos vacías y con la impotencia de encontrar siempre una piedra en mi camino. . . . . . . . . . . . . .”

Después de escribir esto, M. se durmió ayer escuchando esta canción de Luis Eduardo Aute. Yo me dormí abrazando fuerte a E. en mis sueños.

A

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